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Raúl, el McCartney de los galácticos

Siempre se habla de John Lennon como el músico que cambió la historia de la música, pero se tiende a olvidar que Paul McCartney fue el pegamento de los Beatles. Algo parecido sucedía con Raúl: mientras que los galácticos, como Zidane o Beckham, acaparaban los focos día tras día, el delantero madrileño era quien daba la cara cuando los resultados no acompañaban.

Quizá por eso, cuando preguntabas por el jugador favorito de los madridistas, la respuesta era casi siempre la misma: Raúl González Blanco. El 7 no era el más técnico ni el más bonito de ver, pero, cuando las cosas se ponían feas, aparecía. Pese a su pasado rojiblanco, el madrileño se convirtió en un símbolo para los seguidores blancos.

Alrededor del delantero español se fue creando una mística. El dorsal 7 no era una carga fácil de llevar. La trágica muerte de Juanito, que en paz descanse, provocó que lucir ese número se convirtiera en una responsabilidad que iba mucho más allá de los terrenos de juego. Pese a ello, Raúl lo llevó como si fuera una extensión más de su cuerpo.

Al igual que toda estrella del pop rock tiene su discografía, Raúl también tendría la suya. Por ello, hoy tengo el placer de presentarles Raúl™.

Please Please Me

Raúl daría sus primeros pasos en la otra acera de Madrid, llegando a ser alabado por Jesús Gil incluso en televisión. Un año después, su vida daría un giro tras la decisión de prescindir de las categorías inferiores del Atlético de Madrid. Después de quedarse sin equipo, el madrileño realizó unas pruebas con el Real Madrid, en las que sorprendió a todos los presentes, y acabaría firmando por el conjunto blanco.

Tras unos años en la cantera, Jorge Valdano quedó asombrado con aquel niño y le concedió una oportunidad con el primer equipo. Su debut en La Romareda no fue el soñado: falló varias ocasiones que contribuyeron a la derrota del equipo. Sin embargo, el técnico argentino no lo dio por perdido y, tras el partido, alabó la actuación del debutante.

Esa misma temporada disputó hasta 30 partidos y firmó diez tantos, uno de ellos ante su exequipo, el Atlético de Madrid. Gracias a las buenas actuaciones de Raúl y de varios de sus compañeros, el Real Madrid se alzó con el título de Liga en la temporada 1994-95. Aquel sería el primero de los muchos trofeos que acabarían engrosando su palmarés.

Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band

Su segundo año terminó como su segundo apellido: Blanco. A pesar de ello, la temporada 1995-96 fue la de su consagración. Llegó a marcar 26 goles, seis de ellos en la Liga de Campeones, y publicó así el primer gran álbum de una carrera que cambiaría la historia europea del club.

En su tercera campaña cumpliría el sueño de cualquier niño español: Javier Clemente decidió convocar a Raúl González Blanco con la selección española. Ese mismo año añadió un nuevo título a su vitrina, pues sus 21 goles en Liga contribuyeron a que el conjunto blanco se proclamara campeón.

Para Raúl, su Sgt. Pepper’s fue la temporada 1996-97. A partir de entonces, la historia de los de Chamartín cambiaría para siempre y, con ella, también la de su símbolo, el ídolo de quienes celebraban sus títulos en Cibeles.

The White Album

La maldición de Hugo Sánchez atemorizaba al Santiago Bernabéu: habían pasado ya 32 años desde la última Copa de Europa. No sería una hazaña sencilla para los de Concha Espina, pero Raúl, que buscaba consolidarse como el líder de la plantilla, consiguió que todos los instrumentos estuvieran acompasados.

Tras superar al Borussia Dortmund en la semifinal, con un marcador global de 2-0, el Real Madrid se enfrentó a la Juventus. En el minuto 66, Mijatović rompió la igualdad y marcó el gol que le daría la Séptima al 7 del Madrid y pondría fin a la maldición.

De todos modos, si hay algo por lo que se recuerda a Raúl González Blanco, es por su gol del aguanís. En la Copa Intercontinental de 1998, ante el Vasco da Gama, el delantero español condujo el balón a gran velocidad, se frenó en seco y ejecutó una espectacular “vaselina”. ¿Que por qué lo escribo entre comillas? ¿Acaso a semejante obra de arte se la puede definir como una simple vaselina?

Dos años después, el equipo de Raúl volvió a alcanzar una final europea, gracias, en parte, a los diez tantos que el delantero había anotado en la competición. En esta ocasión, el rival sería el Valencia de Benítez. La final resultó relativamente cómoda para el Madrid, que se impuso por 3-0. Raúl, tras una carrera desde su propio campo, logró superar a Cañizares y sentenciar el encuentro.

Como suele decirse, no hay dos sin tres. En la temporada 2001-02, tras el fichaje estelar de Zinedine Zidane, que comenzaba a dejar sus primeras pinceladas en el panorama europeo, el Real Madrid volvería a disputar una final de la Liga de Campeones. El Bayer Leverkusen se lo puso difícil; no obstante, el gol tempranero de Raúl y la recordada volea de Zidane permitieron que los blancos volvieran a proclamarse campeones de Europa.

Foto: Jean-Philippe Ksiazek / AFP vía Getty Images.

Let It Be

El último gran éxito de Raúl sería el doblete de Liga y Supercopa de España de 2008. Tras varias temporadas en las que había sido cuestionado, el ariete madrileño completó una campaña espectacular, con 23 goles, y volvió a erigirse en una de las grandes figuras del Real Madrid. Ese mismo año, el club le ofreció un contrato vitalicio, aunque aquello no significaba que fuera a terminar su carrera vistiendo de blanco.

La temporada 2008-09 terminó sin títulos, pero sus cifras seguían siendo las de un futbolista extraordinario: 24 goles en 47 partidos. Sus 31 años empezaban a pesar en el Santiago Bernabéu y Raúl lo sabía. La idea de emprender una nueva aventura ya no parecía una mala opción para el eterno 7.

Dieciséis temporadas y dieciocho títulos después, los caminos de Raúl González Blanco y el Real Madrid llegaron a su fin. Aquel joven que había debutado a las órdenes de Valdano dejaba un legado imborrable en la historia del club y en la memoria del madridismo.

Raúl ponía rumbo a Gelsenkirchen para vestir la camiseta del Schalke 04. Y quizá, mientras preparaba las maletas, la única frase que resonaba en su cabeza era aquella que los Beatles convirtieron en un himno: Let it be, let it be, let it be.

Por Manuel Estébanez Bernáldez

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Redactor de Partido A Partido.

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