El PSG se impone al Manchester City con una exhibición ofensiva que dejó al conjunto inglés contra las cuerdas. Doué, Dembélé y Vitinha lideraron una primera parte brillante, mientras el doblete de Haaland no bastó para culminar la remontada

Un vendaval con acento francés
Hay noches en las que el fútbol cambia de dueño en cuestión de minutos. El Manchester City recibió al PSG en el Etihad con la intención de imponer su autoridad, pero se encontró con un equipo parisino decidido a conquistar uno de los escenarios más exigentes de Europa.
Désiré Doué abrió el marcador en el minuto 13 y, apenas dos minutos después, Dembélé amplió la ventaja. El PSG había golpeado dos veces antes de que el City pudiera reaccionar. En el 32, Vitinha firmó el tercero y confirmó una primera parte de dominio parisino.
El campeón no había venido a sobrevivir al Etihad. Había venido a conquistarlo.
Haaland contra la tormenta
Tras el descanso, el Manchester City regresó con otra energía. Erling Haaland recortó distancias en el minuto 53 y devolvió la esperanza a los locales, pero Akliouche respondió en el 62 con el cuarto tanto parisino.
El noruego volvió a marcar en el minuto 75 y completó su doblete, aunque la reacción inglesa llegó demasiado tarde. El City apretó hasta el final, pero el PSG resistió y protegió una ventaja que había construido con fútbol y contundencia.
París no pide permiso
El 2-4 reflejó dos caras del encuentro: un PSG demoledor durante la primera mitad y un City que reaccionó sin conseguir borrar el daño inicial. Los parisinos demostraron que su condición de campeones no depende únicamente del talento individual, sino también de una idea colectiva capaz de imponerse en los escenarios más complicados.
La Champions no se conquista en una sola noche, pero hay victorias que sirven para enviar un mensaje. El PSG dejó el suyo en Manchester: sabe dominar, golpear y resistir.
El Etihad vio caer al City y contempló la autoridad de un campeón que no entiende de escenarios imposibles. París conquistó Manchester y recordó a Europa que todavía tiene mucho que decir.
Por Alberto Fernández