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Hoy hay abrazos que no llegarán

El accidente ferroviario de Toledo deja a España sumida en el dolor. Mientras las familias esperan noticias y los equipos de emergencia trabajan contra el tiempo, el fútbol aparca sus colores para recordar que, antes que aficionados, jugadores o clubes, todos somos personas

X: @rfef

Hay un momento en el que el fútbol deja de importar.

Da igual quién gane el próximo partido. Da igual quién marque el gol decisivo, quién levante una copa o quién termine la temporada en lo más alto de la clasificación. Hay días en los que todo eso se vuelve tan pequeño que cuesta entender cómo, apenas unas horas antes, podía ocupar tanto espacio en nuestras vidas.

Hoy es uno de esos días.

Esta mañana, entre Los Yébenes y Urda, en Toledo, dos trenes colisionaron. Lo que debía ser un viaje más, uno de tantos trayectos cotidianos en los que cientos de personas suben a un vagón pensando en llegar a su destino, se convirtió en una tragedia que ha golpeado a todo el país. Hay fallecidos, heridos y familias que han pasado, de repente, de la normalidad al miedo más profundo.

Y cuesta escribir sobre ello. Cuesta encontrar las palabras adecuadas cuando detrás de cada cifra hay una historia que no conocemos. Cuando cada persona que viajaba en esos trenes tenía una vida, un nombre, una familia, unos planes para el día y quizá un mensaje pendiente de responder. Cuando alguien esperaba su llegada sin imaginar que el teléfono podría convertirse en la peor de las incertidumbres.

Porque detrás de una tragedia nunca hay solamente números.

Hay una madre que espera noticias de su hijo. Un hijo que intenta localizar a sus padres. Una pareja que mira el móvil una y otra vez, rezando para que aparezca una llamada. Hay personas que hoy deberían estar sentadas a una mesa, regresando del trabajo o contando cómo les ha ido el día. Personas que tenían una vida entera por delante y que, en cuestión de segundos, han visto cómo todo cambiaba.

Y hay abrazos que, ahora mismo, alguien está esperando poder dar.

Cuando el fútbol guarda silencio

El fútbol está acostumbrado a hablar alto. A llenar estadios, a levantar pasiones, a provocar lágrimas de alegría y tristeza. Vive de los gritos, de los cánticos, de las celebraciones y de esa emoción que convierte a desconocidos en compañeros de una misma felicidad.

Pero hoy necesita hacer algo diferente: guardar silencio.

Los clubes españoles han trasladado sus condolencias a las víctimas y a sus familiares. La competición también ha quedado en segundo plano, con el aplazamiento de los encuentros de Copa del Rey previstos para hoy. No era un día para competir como si nada hubiera ocurrido.

Los escudos que tantas veces dividen hoy se parecen. Los colores dejan de distinguirnos. No importa si alguien viste de blanco, rojiblanco, azulgrana o blanquiazul. No importa qué equipo lleva en el corazón ni qué camiseta guarda con más cariño en su armario. Hoy todos compartimos la misma impotencia ante algo que ninguna rivalidad puede explicar ni ningún resultado puede aliviar.

Quizá esa sea una de las pocas cosas buenas que pueden surgir de un día tan terrible: recordar que, antes que aficionados, somos personas. Que la pasión por un equipo no nos hace menos capaces de sentir el dolor ajeno. Que, detrás de cada grada, hay familias, amigos, trabajadores y vidas que se parecen mucho más de lo que a veces queremos admitir.

Hoy no hay rivales. Hoy no hay colores. Hoy solo hay personas esperando que otras personas estén a salvo.

Urda, un pueblo que también juega en equipo

Entre las muestras de solidaridad, el equipo de fútbol de Urda ha lanzado un mensaje de ayuda y colaboración en medio de la tragedia. Es un gesto que recuerda que el fútbol de un pueblo es mucho más que los noventa minutos de un partido. Es una comunidad, un lugar de encuentro, una red de vecinos que se conocen y que, cuando llega una situación así, pueden ponerse al servicio de los demás.

En los pueblos, el fútbol forma parte de la vida. El campo es el lugar donde se reúnen familias enteras, donde los niños empiezan a soñar, donde los mayores se saludan cada domingo y donde una victoria puede convertirse en la alegría de toda una semana. Pero su valor más profundo aparece cuando el balón deja de rodar.

Cuando hace falta ayudar. Cuando alguien necesita una mano. Cuando una localidad entera comprende que lo importante no es quién juega el domingo, sino quién necesita apoyo hoy.

La solidaridad no devuelve a nadie a casa. No borra lo sucedido ni puede reparar la ausencia de quienes han perdido la vida. Pero puede acompañar a quienes sufren, aliviar una parte de la incertidumbre y demostrar que, incluso en las horas más oscuras, siempre hay alguien dispuesto a acercarse.

A quienes han perdido a un ser querido no les bastarán las palabras. Y nadie debería pretender que un mensaje en redes sociales pueda llenar ese vacío. Pero sí merecen saber que su dolor no pasa inadvertido, que no están solos y que hay una sociedad entera que hoy comparte su tristeza.

Los héroes que no necesitan un estadio

Mientras muchos intentamos comprender lo sucedido, hay profesionales trabajando sobre el terreno. Sanitarios, bomberos, policías, equipos de rescate y trabajadores ferroviarios atienden a los afectados en circunstancias extraordinariamente difíciles. También hay personas que, sin esperar reconocimiento, se han acercado para ayudar.

No habrá una clasificación para ellos. No recibirán una copa ni escucharán un estadio corear sus nombres. Quizá mañana sus rostros ni siquiera aparezcan en una portada. Pero hoy están haciendo algo infinitamente más importante que ganar un partido: están ayudando a personas que atraviesan uno de los peores momentos de sus vidas.

A ellos también les debemos nuestro reconocimiento.

A quienes trabajan sin descanso, a quienes ofrecen sus conocimientos, a quienes acompañan a los heridos y a quienes intentan dar respuestas a familias que solo necesitan saber que sus seres queridos están bien. A quienes tienen que ser fuertes en medio de una situación que también les afecta, aunque su obligación sea continuar.

Ojalá todos puedan regresar a casa cuando termine su trabajo. Ojalá también ellos encuentren después un abrazo, un momento de silencio y la oportunidad de descansar.

Que mañana vuelva el fútbol

El fútbol volverá. Volverán los partidos aplazados, las alineaciones, las crónicas, las discusiones sobre los árbitros y las celebraciones de los goles. Volverán las rivalidades que hacen especial este deporte y las tardes en las que una pelota podrá devolvernos esa felicidad sencilla de compartir algo con los nuestros.

Pero hoy no.

Hoy no necesitamos un gol que nos haga saltar del asiento. Necesitamos noticias que permitan respirar a quienes esperan. Hoy no queremos conocer el resultado de un partido. Queremos que las familias reciban respuestas, que los heridos puedan recuperarse y que quienes están trabajando sobre el terreno tengan todos los medios necesarios para seguir ayudando.

Hoy no hay un título que celebrar ni una derrota que lamentar. Hay personas que no volverán a casa y otras que todavía esperan hacerlo. Hay familias a las que la vida les ha cambiado para siempre y una sociedad que intenta encontrar palabras ante un dolor que no entiende de explicaciones.

Por eso, hoy el fútbol debe quedarse en silencio. No porque no importe, sino porque sabe reconocer cuándo hay algo mucho más importante.

Que los estadios esperen. Que los resultados esperen. Que las rivalidades esperen.

Que mañana vuelva el fútbol, sí. Que vuelvan las canciones, los abrazos después de un gol y las discusiones que mañana nos parecerán tan pequeñas. Que vuelva esa normalidad que tantas veces damos por sentada.

Pero hoy pensemos en quienes están esperando una llamada. En quienes buscan un nombre entre las noticias. En quienes darían cualquier cosa por escuchar una voz conocida y en quienes solo necesitan que alguien les diga que no están solos.

Porque al final, cuando desaparecen los escudos y se apagan los focos, todos queremos lo mismo: llegar a casa, abrir la puerta y abrazar a las personas que queremos.

Y hoy, para demasiadas familias, ese abrazo es todo lo que importa.

DESCANSEN EN PAZ.

Alberto Fernández
SOBRE EL AUTOR

Alberto Fernández

Cubro la actualidad del Club Deportivo Leganés y sigo de cerca el fútbol nacional e internacional, con especial interés en el mercado de fichajes.

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